El Tibidabo: un viaje al cielo... con curvas incluidas
Cuando el taxi sube al parque de atracciones más alto de Barcelona
Cuando un cliente me dice: “Llévame al Tibidabo”, ya sé que el viaje será de esos con vistas. La subida es todo un clásico: curvas, bosque, miradores y una brisa que huele a pino. Y cuando llegas arriba, el panorama es de esos que te hacen olvidar la curva anterior.
El parque de atracciones tiene más de cien años y aún conserva esa magia de cuando el tiempo iba más despacio. Hay familias que van cada año, parejas que suben para hacerse la foto con Barcelona a los pies e incluso turistas que confunden el funicular con otra atracción más.
Yo siempre espero un poco mientras bajan a hacer las fotos. A veces me piden que les haga una, y claro, yo allí, con el taxi encendido y haciendo de fotógrafo improvisado. Pero no me importa. El Tibidabo es uno de esos lugares donde todos sonríen, y eso, como taxista, se agradece mucho.